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TEOGONÍA

(...) ¡Salud, hijas de Zeus! Otorgarme el hechizo de vuestro canto. Celebrad la sagrada estirpe de los sempiternos Inmortales: los que nacieron de Gea y el estrellado Urano, los que nacieron de la tenebrosa Noche y los que crió el salubre Ponto.

Cantad también de qué forma nacieron al comienzo los dioses, la tierra, los ríos, el inmenso ponto de agitadas olas y -allá arriba- los brillantes astros y el espacioso cielo.

(...) Antes de todo existió el Caos. Después Gea, la de amplio pecho, sede siempre segura de todos los Inmortales que habitan las nevadas cumbres del Olimpo. En el fondo de la tierra de anchos caminos existió el tenebroso Tártaro. Por último, Eros -el más hermoso entre los dioses inmortales- que afloja los miembros y cautiva de todos los dioses y hombres el corazón y la sensata voluntad enn sus pechos.

Del Caos surgieron erebo y la negra Noche. A su vez, de la Noche nacieron Eter y el Día, a los que alumbró preñada por contacto amoroso con Erebo.

Gea dio vida primero al estrellado Urano con sus mismas proporciones, para que la contuviera por todas partes y poder ser así sede siempre segura para los felices dioses.

También dio a luz a las grandes Montañas, deliciosa morada de las Ninfas que habitan en los boscosos montes.

Ella igualmente parió al estéril piélago de agitadas olas -al Ponto- sin mediar el grato comercio.

Luego, acostada con Urano, alumbró al Océano de profundas corrientes, a Ceos, a Críos, a Hiperión, a Jápeto, a Tea, a Rea, a Temis, a Mnemosine, a Febbe la de áurea corona y a la amable Tetis.

Nació después de ellos -el más joven- Cronos, de mente retorcida, el más terrible de los hijos, y se llenó de un intenso odio hacia su padre (...)