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RELIGIONES DE LAS SOCIEDADES PREAGRÍCOLAS

La experiencia religiosa humana presenta manifestaciones infinitamente variadas sin que ninguna de ellas pueda alzarse con primacía de ningún tipo. Para su estudio se niega por principio la categoría de religión natural, verdadera o esencial: los hechos religiosos son hechos culturales y se inscriben en un marco bien definido que permite en gran medida explicarlos.

El enfoque histórico o antropológico de la experiencia religiosa no busca extraer preceptos de moral práctica. Su finalidad es comprender la práctica religiosa en el contexto social que le dio origen.

Se basa en el respeto por las creencias ajenas y requiere una actitud no dogmática. El respeto hacia el objeto de estudio (las religiones) impide plantear la existencia de una religión verdadera donde radique la explicación íntima de la esencia del fenómeno religioso.

 

LAS SOCIEDADES PREAGRÍCOLAS

El pequeño tamaño de estas sociedades impide el surgimiento de especialistas a tiempo completo, por lo que cualquier miembro del grupo puede actuar como intermediario frente a las fuerzas sobrenaturales (todos pueden ser sacerdotes, aunque sus ámbitos de actuación divergen según el sexo y el grupo de edad al que pertenezcan.

La religión, por tanto, presenta marcados caracteres individualistas; puede haber especialistas a tiempo parcial, cuyo grado de respeto depende de sus capacidades para entrar en contacto con las potencias sobrenaturales (del mismo modo que hay cazadores más eficaces y respetados).

La naturaleza en general es objeto de veneración y en particular la caza o la pesca, aunque se constata una especial sensibilidad hacia lugares estimados de una sacralizad superior (como montañas, accidentes geográficos destacados).

La religión cumple en estas sociedades un papel de regulación del impacto antrópico sobre el medio natural:

 

 

RITOS DE PASO

La vida del individuo se ve jalonada por una serie de ceremonias que marcan su acceso a los grupos de edad específicos (y que suelen conllevar modificaciones en el estatus personal).

Se trata de ceremonias cargadas de un profundo simbolismo religioso, con estados intermedios –liminares- (que duran mientras se desarrolla el rito, y que pueden dilatarse incluso varios años) en los que la potencia sagrada desencadenada se estima tan poderosa que resulta nefasta para el resto del grupo. De ahí que los ritos de paso se suelan dividir en etapas de separación (para aislar a los elementos en el periodo liminar) y posteriormente de agregación (con la inclusión en el nuevo grupo de edad) jalonadas de desarrollos simbólicos y mitológicos alusivos (marginación y luego reintegración).

 

RITOS DE NACIMIENTO

La finalidad es la agregación del recién nacido al grupo. Esta aceptación, que suele sellar un compromiso de la totalidad del grupo respecto del nuevo miembro, se celebra de maneras muy diversas.

Suele resultar muy importante desde el punto de vista simbólico la adscripción de uno o varios nombres; en algunos casos se toman de parientes recientemente fallecidos (que se estima se pueden haber reencarnado en el niño) con lo que se está ritualizando una semejanza deseada por el grupo (y que conlleva la esperanza de que el recién nacido tenga una trayectoria vital parecida a la del individuo homónimo) que conforma en cierto modo un estatus grupal estimado.

El cumplimiento del rito de paso otorga al niño unos derechos de vida de los que carecía con anterioridad, ya tiene una identidad, por lo que el infanticidio, que hasta ese momento no incumbía más que a los padres, se carga de connotaciones negativas. En el caso de que se muera se le suele dedicar una ceremonia fúnebre, lo que no ocurría si no se había cumplido el rito de paso.

El rito de nacimiento suele acompañarse por parte de la madre de un período de separación, en el que sus actividades están severamente pautadas y su movilidad limitada para prevenir al resto del grupo de la impureza contraída durante el parto (quizá se trata de mecanismos de protección de la madre reciente frente al ritmo común de actividades y obligaciones). Esta liminaridad, aunque en menor medida, se produce también durante la menstruación.

 

 

RITOS DE MATRIMONIO

El matrimonio se convierte en un sistema reticular de intercambio (de índole económica ya que se cede fuerza de trabajo y de reproducción), que se sanciona por medio del rito y se estructura por medio del tabú (que indica la dirección y el grado de parentesco que se consideran prohibidos).

Las redes matrimoniales cumplen en muchos casos la función de regular las relaciones entre grupos humanos en contacto de modo pautado y pacífico; la cesión de un hombre o una mujer y la expectativa de reciprocidad mitigan los comportamientos agresivos y amplían los lazos de solidaridad intergrupales.

Por medios rituales se intenta insertar del modo más eficaz posible al miembro ajeno para reducir los conflictos de convivencia.

El rito matrimonial se estructura en las dos fases habituales (separación y agregación). Los ritos de separación, que marcan la desvinculación del grupo original, pueden ser muy diversos (desde una simple despedida, aun rapto ritual, o, en algunos casos, el novio o la novia son tratados en su grupo de origen como si ya no pertenecieran al mundo de la vida.

El rito matrimonial cumple además otras funciones, como por ejemplo las de socializaciones y canalización de la sexualidad de acuerdo a las normas y de un modo útil y no conflictivo para el grupo.

 

 

RITOS INICIÁTICOS

Cumplen la función de regular el acceso al grupo de adultos con plenos derechos y obligaciones (el estatus pleno).

El momento en el que se desencadena el rito es variable y no parece necesario que coincida con la pubertad; suele ser además muy diferente entre hombres y mujeres.

En ambos casos suele consistir en la demostración de la capacidad de asumir las obligaciones que el grupo social estima que corresponden a los adultos. En las sociedades cazadoras esta prueba consiste de cobrar según el modo correcto (no de modo fortuito), una pieza significativamente relevante y para ello, la iniciación suele consistir en el aprendizaje de las técnicas de acecho y todo el componente imaginario, simbólico y mitológico que éstas conllevan. Las iniciaciones de mujeres –mucho menos conocidas- hacen hincapié, por su parte, en la adquisición de los secretos de la condición femenina.

Los ritos iniciáticos suelen poseer una fase de liminaridad (entre el rito de separación y el de agregación) muy dilatada. Los iniciados son marginados por medio de la expulsión del grupo de niños (y el universo femenino) y se les puede exigir cumplir una temporada a veces larga sin contacto con el grupo social (viviendo en los límites del territorio) sometidos a las enseñanzas de hombres seleccionados (con los que en algunos casos mantienen relaciones sexuales, que se estiman fortalecedoras de la virilidad).

La ruptura con el universo de la infancia puede ser ritualmente tan drástica que se produzca una desidentificación que a veces toma la forma de muerte simbólica que puede conllevar la adopción de un nuevo nombre, la incapacidad (fingida o real) de reconocer a las mujeres, incluida la propia madre o el aprendizaje de un nuevo lenguaje secreto que utilizará solamente con los adultos de su sexo.

La iniciación puede acompañarse de mutilaciones diversas, siendo las más conocidas la circuncisión en los varones y la clitoridectomía entre las mujeres.

 

 

RITOS FUNERARIOS

Consisten en desagregar al difunto del grupo de adultos con plenos derechos y agregarlo al de espíritus o antepasados. Se trata de un proceso, a veces muy largo, que tiene sus límites en la muerte biológica por una parte (comienzo del rito) y en la muerte social (sanción grupal que pone fin al rito) por la otra.

El funeral se dilata entre esos dos extremos en una diversidad asombrosa que va desde el rápido abandono del cadáver a los animales carroñeros hasta adobados del cuerpo y sepulturas temporales mientras se supone que el alma viaja hasta el más allá.

La muerte es un hecho social que tiene una doble vertiente: el ingreso del muerto en el mundo imaginario del allende y la agregación de su estatus a otro miembro del grupo.

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Introducción a la historia de las religiones.

Francisco Díaz de Velasco.